Friday, November 02, 2007

Solidarios y violentos


No es una cuestión de raza, ni de credo, ni de pensamiento político, es una cuestión moral.

Ya nos deja indiferentes hasta las imágenes que representan la parte más violenta del ser humano. Es lógico. Todos los días se mantiene el hilo informativo con las exclusivas sobre actos delictivos en donde se reparte, de forma generosa y sin límites, las acciones violentas que se renuevan en un catálogo actualizado, deforme, repugnante y que no tiene límites. Bueno, pues a pesar de eso, como digo, no nos supone nada de nada el contemplar la última, la más extravagante, más idiota y que, además, sirve de caldo de cultivo para la clase política.
Me quedo como ejemplo la de la chica ecuatoriana y el individuo que, al parecer, esta en tratamiento psicológico. La forma de actuar de este ser, fuera de lo normal, no voy a inventar nada nuevo, es bastante enriquecedora, aunque aparentemente sea fuerte y contradictorio este calificativo, para que tomemos conciencia de lo que podemos llegar a sentir si seguimos en esta línea de “sensacionalismo periodístico”.
Es cierto que todo este tipo de actos es repulsivo, y que merece una atención judicial más adecuada a la que en su momento se tomó. Por otro lado, el seguimiento y evolución de la posible anomalía o trastorno que presente el agresor debe de estar encima de la mesa, no ya de su psiquiatra o psicólogo que le atiendan, de los servicios sociales y de la propia policía para “estar al tanto”, cosa que ya vemos que eso es un sueño, y no por que no quieran las autoridades, es que son tantos los casos a considerar.
Han bastado unas imágenes para que todos, absolutamente todos, dispongamos de nuestras más disparatadas opiniones o, en nuestro propio estado de ánimo, pensar lo que se le debía de hacer a este personaje, y, piensen lo que piensen, hay otros muchos que incluso se habrán divertido viendo la patada a la chica. Esto es una evidencia que se constata todos los días. El fenómeno de los golpes, de las agresiones, o vejaciones, cuando se ven “colgadas” en la red, generan una situación emocional muy grande en una población de jóvenes que encuentran en estas acciones una representación de su pensamiento, de su ideal y de cómo entienden la vida.
El aspecto solidario se ve cada día más mermado, en grave crisis social. No paramos en la carretera a nadie para ayudarle, incluso como se ven en las imágenes, el joven que esta contemplando la escena, ni se inmuta. No somos capaces de reconocernos en nuestros valores, ya no digo educación, porque este apartado de atender y ayudar al prójimo ha quedado en los textos de las enseñanzas religiosas. Sentimos miedo, no queremos meternos en líos, aunque veamos que hay seres que sufren o que están siendo atacados con violencia. Nos quedamos quietos, y si somos solidarios, el valor que nos honra, entonces, recibimos un golpe que nos quita la vida, como le paso a otro joven que, para ayudar a una chica que estaba riñendo violentamente con su pareja, el joven, por su acción, recibió un puñetazo que le costo la vida.No sé que es mejor, si reírme con los jóvenes viendo las “hostias” o defender al inocente, al indefenso. Haga lo que haga, seguro que no estaré feliz si no logro, primero darme cuenta de lo que supone contemplar esas imágenes y tomar medidas, y en segundo lugar, pase lo que pase, la ayuda al prójimo es un deber inexcusable y sin duda muy humano. Menos burocracia y más acción profesional para atajar esta progresiva situación.

Thursday, September 27, 2007

El olor de mi tierra


El juego que ofrecen los sentidos alcanza límites insospechados. Oler melocotones de Cieza después de mucho tiempo lejos de la patria “chica”, es algo indescriptible.
Apenas habían pasado las seis de la tarde cuando llegaba a mis heredades en el Tamarit. El viento ya daba algo de respiro a la tarde calurosa, cargada de sofoco y que un poco antes no era posible ni respirar. Nos quejamos de vicio, tanto del calor como del frío, pero es lo que nos sirve para reconocer en que época del año vivimos.
Los árboles están bastante cargados del preciado fruto que acredita a Cieza, los melocotones. No es que sean muy grandes, pero por la experiencia de otros catadores previos, hay que darles una buena nota por su sabor, aunque no por su tamaño. En unos veinte minutos hay dos cajas en el coche. No cabe más que la capaza con otros tantos kilos del gustoso fruto.
En casa, al llegar, no hay tiempo de colocarlos en recipientes para que aguanten unos días. En varias bolsas son redistribuidos, sin coste alguno, entre vecinos y amigos. Unos 35 kgs. Son digeridos por otros estómagos, que, como dice el refrán, “A caballo regalado, no le mires el diente”, se quedan prendados, dan las gracias, por lo que cívicamente corresponde, pero al cabo de dos días, las gracias se oyen con mayor acento y reclaman eso de ¿Cuándo vas a volver a traer más melocotones de esos tan buenos? Por supuesto que no doy respuesta fija.
En estos menesteres, quiero relatar una anécdota con una de esas bolsas melocotoneras. Mi mujer, Rosario, trabaja con una compañera de Cieza, Isabel. Como otros ciezanos, esta buena amiga, compañera mía en el Instituto de la época de los “prs…teintitantos” (guardo cortesía para la edad), es ahora coparticipe con mi mujer en un centro de Murcia. En esto que, convocados para una última reunión de trabajo antes de cerrar el curso, se presenta con la bolsa melocotonera a la pródiga ciezana. Su gusto es mayor por los albaricoques, pero al abrir la bolsa y oler, exclama… ¡Qué bien huele mi pueblo! La mente se conectó a la memoria a largo plazo y el simple olor de los frutos, provocaron el recuerdo de cómo huele su pueblo. Y no es precisamente el que Cieza huela a melocotones ¡ojalá!, es que con las percepciones y sensaciones de los olores, en este caso de los melocotones, somos capaces de reconstruir cientos de imágenes y momentos que se han vivido en cierto momento.
Los humildes melocotones aportaron el recuerdo, el volver a épocas lejanas o próximas, pero centradas en la cotidiana vida de uno de entre los muchos ciezanos o ciezanas, ahora lejos. La cosa no termino en la simple entrega y primer contacto con los melocotones. A lo largo de la comida, así me lo narra mi mujer, Isabel abría la bolsa y volvía a decir…¡es que huelen tan bien! O ¡Son lo mejor de este mundo! O simplemente ¡La olor de mi tierra, de mi pueblo es inconfundible!
¡Qué los disfrutes Isabel! Y para aquellos que están lejos, que por Internet pueden leer esto, que sepan que los melocotones de Cieza, no solo aportan olores, también aportan buenos recuerdos cuando se siente su aroma. Aunque ahora muchos paisanos no puedan sentir estos olores, Cieza siempre tiene algo que se graba en la mente, y aunque sea con una foto de la Atalaya, de la ermita, la vista, usando otro sentido, también nos aporta esas emociones que nos evocan el pueblo.

Saturday, September 22, 2007

El sabor amargo del mebrillo


Como el amarillo manjar, amargo o dulce, son algunos días de nuestra vida.
Ya se ciernen nubes grises, no muy compactas, pero que invitan a que el cielo cambie de color. Posiblemente, como casi siempre, sean un engaño de los que nos tiene acostumbrado el cielo, bueno no precisamente el cielo, la forma climática en la que vivimos, digamos simplemente eso. El aire se va notando mucho más agradable, ya no quema, es más suave, con cierta acritud deja que la temperatura sea más benévola.
Los días se van acortando, se acerca el final del verano. Ya quedan pocas sombrillas por las playas, las de los más rezagados, los jubilados y los que, en estos últimos días, quieren disfrutar de sus vacaciones, no tienen niños, sino estarían preocupados con el inicio de colegio.
El vivir el día y el ahora, es decir “soy yo, ahora” es lo que nos limita en nuestros pensamientos en nuestras ilusiones. No quiero ser pesimista, pero cuando nos suceden cosas, unas veces buenas y otras tristes, así nos sentimos y lo manifestamos, pues bien hoy es uno de esos días en los que no es precisamente de los que las alegrías superan a las tristezas. En la mayoría de noticias de los periódicos prevalecen también las malas, posiblemente sea ese nuestro mejor modo de vida, y es que, aunque no lo solicitamos, lo tenemos ahí, lo vivimos en el día a día.
Posiblemente el símil comparativo no sea el más apropiado, pero influye hasta el día, el momento en que vives, cuando te dan esas malas noticias. El membrillo, vistoso en la mayoría de los casos, como nuestro propio físico, nuestra imagen externa. Con su piel fuerte, verdosa y amarillenta, que nos ofrece un olor profundo, tan nuestro. En crudo es amargo, áspero, que te deja la boca como de cuero. Cambia su sabor, su color, cuando el calor se le aplica.
Posiblemente, como digo, no podamos desprendernos de nuestra condición de ser humano, de vivir en esta naturaleza y nos guste o no, por calor, por las cosas de la vida, por los sufrimientos, por el trabajo, por querer lo mejor para nuestros hijos, por luchar por una vida digna, por recordar a los seres que nos protegieron cuando éramos jóvenes, por lo que sea, nos dicen que una persona, más o menos próxima, familiar o amiga, querida o simplemente recordada, nos dicen, reitero, que tiene cáncer. Entonces nos damos cuenta de que ser “yo y ahora” es la evidencia de que vivimos para morir. ¿Para qué las discusiones? ¿Para qué los amores no correspondidos? ¿Por qué tanto sufrir por…? ¿Por qué?
Da igual el nombre, no quiero personalizar mi personaje, a los que, como este ser humano con el que me unen lazos indestructibles, quiero dedicar estas líneas del silencio. A ellos mi más sincero reconocimiento, mi total afecto y cariño por todo lo que son.
Las tardes de olor a membrillo se pierden. Las noches de hospital, de suelo gris y pared blanca, en la soledad de cada habitación, sobre las camas el sufrimiento, junto a ellas los que aman y de negra vestidura, impía y descarnada, la que desde que nacemos nos acompaña.
Los recuerdos de ellos están en nosotros, y nosotros formamos parte de su recuerdo. Su memoria es nuestra memoria. El amor que nos une es el sello de que fuimos, somos y seremos algo más que simples mortales.

A los que sufren enfermedad.

Friday, September 21, 2007

Asignaturas "cojoneras"



Siempre que un gobierno se mete a “profesor” provoca recelos y enfrentamientos.

No hay año que pase que, cuando comienza el curso, se de alguna que otra noticia de relevancia o alcance sobre lo que supone una buena formación (que no educación) de nuestros jóvenes.
Este año nos ha llegado, como elemento gestado y predispuesto desde los ámbitos políticos, una asignatura que, por su título, no podemos decir que sea mala. Diremos que ni es buena ni es mala, ni todo lo contrario. Lo triste de esta cuestión radica en eso, en que proviene de un sistema de gobierno y esta elaborada para ser “escuchada” no tiene espacio o elementos que dejen al joven pensar (pensamiento reflexivo de John Dewey-psicopedagógo). A diferencia de las Matemáticas o de la propia Filosofía, los argumentos surgen del pensamiento, de la búsqueda del conocimiento, y no sirve de nada tener una u otra religión o ideología o raza y cultura. Esto nos tiene que dejar bien claro que, una asignatura y su paradigma, son elementos de formación, de alcanzar conocimientos y de participar en conceptos y desarrollo formativo, siempre bajo una jerarquía apolitica, sin aportes extraños que no sean de su contexto y que, en sus contenidos no figuren diferenciaciones en base a uno u otro pensamiento, cultura, religión, etc.
Hace ya unos cuantos años, en el sistema educativo español, como no podía ser menos, había una asignatura de contenidos políticos totalitarios. Era lo que teníamos en base al sistema de gobierno que nos regía. La citada asignatura se denominaba Formación del Espíritu Nacional (FEN), y la impartía un profesor que pertenecía al Movimiento Nacional. Todo esto ya es historia, no hay que darle más importancia que la de ser un hecho en nuestra historia educativa. Los contenidos se acercaban a “dar a conocer” a los jóvenes los principios y las bases del pensamiento político de turno, es decir, el que reconocía a un régimen dictador, sin democracia. Aquello se daba, lo aprobabas o no, y punto.
En este curso, sin hacer símiles comparativos, viene a suceder algo similar. Desde algunos sitios se le da una defensa a ultranza por lo que en ella, en la denominada Educación para la ciudadanía, se pueda “enseñar”. No creo que tenga nada nuevo que decir que no digan los profesores en clase: educar en valores. Al estar realizada desde el punto de la ética, pero sujeta a los principios de autores expertos en diferentes ciencias, no es una “ciencia” reconocida como lo pueden ser la Matemáticas. Y si encima esta bajo los auspicios del gobierno de turno, que considera que esto es importante de dar en las clases, pues entonces no hace falta mucho para que, sea buena o mala o todo lo contrario, esta asignatura no sea bien recibida ni tenga un reconocimiento apetecido.
¿Qué va a suceder en las clases ahora? El lío está en marcha, los que quieren que se de y los contrarios, que en su derecho democrático, pueden alegar que no tiene que considerarse los contenidos que llevan y que además no sean necesarios, ni evaluables, ni nada de nada. Que la escuela de por sí, la familia, la propia sociedad, ha de ser un buen sistema que aporte esos puntos de EDUCACIÓN (que no formación) para la ciudadanía. Pero que sea para todos igual, no con “toques” raros según en que parte de lo que queda de España se dé.
No hay consenso, será pues que nos falta mucha Educación, ¿para ser ciudadanos? Con ir al fútbol los domingos y oir gritos y tacos, o en la carretera o simplemente en las calles, basta para darnos cuenta de que hace falta una asignatura como esa, pero ¿quién es el guapo/a que la lleva a la práctica y que a todos guste?Es que no pueden existir asignaturas que denominamos “Marías”, ni “hueso”, pero mucho menos que generen discordia.

Tuesday, September 11, 2007

El silencio de la Libertad


Los nombres, sus edades… Sus vidas son el precio de nuestra Libertad.
Este verano he decidido conocer de cerca el denominado “Day-D”, el desembarco de Normandía. Para nosotros, los españoles, estos hechos reales nos suenan más a película (“El día más largo”) y nos llegan muy de lejos a nuestros sentimientos. Es natural, no hay familiares entre esos miles de muertos.
De cualquier forma, el viaje, estudiado y trazado para disponer de la mejor información de lo que en ese territorio galo sucedió, ha sido diseñado con muchos datos que se puede encontrar fácilmente en Internet. Es bueno conocer la Historia de lo que ahora (y de siempre) formamos parte: Europa.
Todo lo que queda de aquellos días refleja la inutilidad del hombre. Aunque parezca mentira, los hechos épicos están fuera de contexto cuando ves que hay, en unos pocos kilómetros de distancia, tumbas de unos jóvenes, sean de donde sean, que fueron llamados para luchar por un ideal. Ambos pensamientos, seguro que no tenían que ver nada con sus ideales, pero los hechos de aquellos días, la situación política y las aversiones que Europa vivía, fueron lo suficientemente fuertes como para ser reclamados para la lucha, para la guerra y, por ende, morir en unos combates a los que nunca se debía haber llegado.
Casi doscientos mil hombres por mar de todos los países aliados, otros veinticinco mil paracaidistas y otros tantos de infantería. Durante dos semanas dieron un cambio a la guerra y a la Historia. Pero… todo tiene su pero: Estos hechos costaron muchas vidas.
El silencio de la Libertad lo encontré en varios sitios, dos principalmente, de los que mi reflexión tiene que servir de algo. Por un lado un pequeño cementerio inglés, el primero que visité, encontrado casi al azar cerca del famoso “Puente Pegaso”. Su cuidado césped, su silencio, me estremeció de forma notable. Comentaba con mi hijo. ¿Para qué sirve una guerra? ¿Quién provoca las guerras? ¿Quién quita o manda quitar la vida en nombre del honor o de la patria? En ese cementerio, sobre las lápidas, habían inscripciones que te ponían la piel de gallina: “… John, muerto en combate. Tu hijo al que no viste nacer”. Firmé en el libro a la salida. Intacto, respetado, ni un arañazo en ninguna de las lápidas. El respeto. El silencio.
Muchos creen que el desembarco es cosa de USA, que por cierto, les guste o no a muchos antiamericanos, gracias a ellos y otros tantos, como los polacos, canadienses, ingleses, belgas, entre otros, hoy gozamos de una libertad que, posiblemente, no hubiera permitido ni tan siquiera su nacimiento, y ellos vinieron de su país, por voluntad propia, y poco petróleo o ganancias había en una Europa destrozada. Así es la realidad y así hay que decirla.
Desde Caen, dirección a Ste, Mere Eglise (la famosa localidad del paracaidista John Steele colgado de la torre de la iglesia), está La Cambe, y en la misma autopista, se sitúa el más grande cementerio alemán, con sus cruces negras de distinto tamaño. Otro lugar de silencio, de respeto, en el que cada día hay flores nuevas y visitas de familiares que veneran a sus caídos, no pueden ocultar su dolor por aquellos hechos a los que, estos jóvenes, también tuvieron que perder la vida. El fanatismo de un loco. La creencia de la única verdad. Frío en la mañana del 24 de Agosto, San Bartolomé. Siento algo extraño que no puedo describir. Paseo en silencio por la hierba húmeda. Me cruzo con un grupo, alemanes, de mediana edad y mayores, me miran y miran al suelo, como arrepentidos, tristes. Digo buenos días en español, en francés y en inglés. Varios me miran con una leve sonrisa… Hay algo en ellos distinto, quizás sea el estar visitando el lugar donde yace algún familiar, no lo sé. El aire expresaba PAZ, mucha paz.
En honor a los muertos americanos hay dos, uno, el más conocido, pero no más importante, es el situado cerca de la playa de Omaha (la sangrienta) es el de la localidad Colleville-St. Laurent, la cual acoge en su tierra, actualmente suelo americano donado por el gobierno francés, a 9.386 soldados, ciudadanos de Estados Unidos, con nombres tan particulares como Tomas Martzesky, o Juan Diego López, Joe Ryan, y otros americanos, que allí entregaron su vida. Personalizado sobre mármol cada nombre, los de aquí y los de los otros 27 cementerios repartidos por ese territorio, hasta Granville en donde hay 650 polacos. Desde el día 6 de Junio de 1944 hasta el 31 de Agosto de 1944 que se libera París, hay mucho que aprender, lo primero recordar para no volver a hechos como estos y reconocer que el honor, las ilusiones, los valores del hombre, muchas veces se ven truncados, pero permanecen inscritos para siempre en lugares como estos, en donde, seguro, que te has de encontrar, desde esas lápidas, cruces o estrellas, con El silencio de la LIBERTAD.

Friday, July 20, 2007

El reloj frente a la arena


¿Qué es mejor, saber la hora que es o vivir despreocupado de ello?
C
uando uno esta de vacaciones, si es que estar de vacaciones corresponde a ese tiempo en el que no trabajas en tu ocupación normal pero te das el “tute” en otras labores de bricolaje o conduciendo por esas rutas culturales del patrimonio de la humanidad, entonces tengo que decir que pocos son los que de verdad están de vacaciones en el amplio y completo sentido de la palabra.
No es nada extraño que en ese periodo vacacional que ahora muchos disfrutan, merecidamente, se encuentren con situaciones curiosas o con momentos que son, como mínimo, para recordarlos por sus geniales o particulares connotaciones que los hacen bastante curiosos.
A veces se queda uno mirando a una escultura en una plaza y cerca de allí un guía le explica al grupo (en español para que quede más claro), las leyendas, historias y mitos que son muy importantes; por la escultura y por la ventana del edificio de atrás, unos elementos tan novelescos que, si no fuera por las leyendas, la mitad de monumentos se quedarían en simples signos de algo que sucedió hace tiempo y que implicó al personaje que en cuestión preside la citada plaza. Esos elementos nos hacen viajar en el tiempo y vestirnos con sus modas, retroalimentar el conocimiento de esos momentos o, de forma más interactiva, casi ser participes de los hechos que en ese lugar acontecieron, aunque no tengamos ni el más mínimo rasgos de esas gentes o conozcamos, con mayor profundidad, su cultura. Como quiera que sea, disfrutamos en ese momento del tiempo, de que el reloj se ha quedado petrificado y desde esa ventana, desde esa plaza, con la figura en cuestión, nosotros somos parte de esa historia, al menos por esos breves instantes en el que cicerone explica los hechos que allí sucedieron nosotros somos un simple segundo de esa genial historia.
Esto ocurre cuando vamos con pantalón corto, cámara fotográfica, camisa escandalosa y gorro o sombrero estrafalario. Nuestro macuto con pequeños enseres y algo de avituallamiento y con un mapa de la ciudad en donde no tenemos ni pajolera idea de donde estamos. Pero si de tradicional estancia en la playa hablamos, entonces la cosa es bien distinta.
El reloj no existe. Te levantas cuando te da la gana. El desayuno da igual que sea café que leche. No sabes si almorzar o por el contrario ya es la hora del aperitivo. Te bañas, si puedes. Vuelves a casa, comes y duermes la siesta. El reloj se ha quedado en un rincón de la mesa, donde está todo lleno de trastos, perdido, inaccesible... y lo único que funciona es el reloj circadiano: cuando tienes hambre, comes. Cuando tienes sueño, duermes.
Así estaba yo de feliz en mi paraíso “on the beach”, cuando en uno de mis paseos nocturnos, observo en una fachada de una mansión de cierto poder adquisitivo y en primera línea de mar, una luz circular, blanca intensa, con unos “palotes” en negro. Muy a lo lejos creo que es lo que creo que es. Me acerco para comprobar mis dudas. A unos cien metros de la citada vivienda, mis sospechas se hacen realidad: En la fachada que mira a la playa del Castillico en Santiago de la Ribera, observable desde más de 200 metros de distancia, como si de un faro se tratara, hay un reloj tipo campanario o ayuntamiento, el cual provocando a la arena, -antiguo material relojero- y a los que no queremos saber la hora que es, mostrando sus saetas en movimiento constante nos insulta altaneramente con su grandeza y luminosidad.Ahora no hay que preguntar la hora al señor o señora que se mete en el agua con su reloj sumergible. Por las noches no hace falta saber que hora es para irte, o no, a acostarte, sobre todo si pasas por las proximidades del mismo. El susodicho artilugio, para joder la paz del no tiempo, te hace que gires la mirada y veas que a las 12:45, mientras te bañas y que a ti te apetece que sea la hora del vertmouth, pues para la parienta, que fija su mano y dedo indicando al monstruo del averno, sea entonces la hora de no tomar nada de nada, que falta una hora y cuarto para comer...¡y sin rechistar!. Esta es una entre no se cuantas otras más. ¡Jodío reloj frente a la arena!
Nota.- La imágen corresponde a un reloj antihorario.

Friday, June 22, 2007

Las Calles de Lorquí

No sería más de las dos de la madrugada, ando solo. Simple y llanamente solo. Mejor dicho, acompañado de una noche tranquila, con un cielo raso y una temperatura para refrescar los acontecimientos que, no hace muchas horas, se habían vivido. Voy paseando y revivo en mi cierto pensamiento…

Lorquí es un gran pueblo pero, a su vez, pequeño. El breve espacio geográfico no significa nada con la grandeza de sus gentes. No me refiero a que sean grandes de altura físicamente o que en ellos exista una herencia de estirpe de grandes de España o algo por el estilo. Su grandeza, la de sus gentes, reside en su gran espíritu de trabajo, de hospitalidad, de sencillez y de alegría, y en eso estamos todos de acuerdo.

Ahora, al pasear por sus calles silenciosas, en las que las lumias casi soñolientas de farolas que invitan más al romanticismo que a no tropezar con la baldosa suelta de turno, mi pensamiento viaja entre esos recónditos pasajes de aquella niñez en la que todos, de alguna manera, hemos vivido tan intensamente. Juegos, amigos, personas mayores que nos decían que si esto, que si lo otro… Las calles guardan esas cosas tan importantes con las que nos hemos ido haciendo mayores. Aunque pasan los gobiernos por el ayuntamiento, las calles, que configuran el pueblo, siguen contando historias muy importantes. Ahora hay otras nuevas, las que hacen que Lorquí crezca, tienen otro suelo mejor, pero no pueden cambiar la historia, por muchos adoquines y asfaltos que le pongan sobre el que tanto han vivido el de las viejas, y que, si pudieran hablar… ¡nos podrían decir tantas cosas…!
Me dejo llevar por esos años de infancia y adolescencia, pero sigo paseando por las calles, silenciosas, engalanadas de historias, con algún que otro panfleto en el suelo del partido político de turno, con otros elementos que son simples abandonos de sus ciudadanos descuidados que saben que el pueblo tiene que estar limpio… Paseo y subo por escarpadas calles que llegan hasta lo que denomina Altos Moros. Contemplo otras cientos de luces, pálidas, en la lejanía y creo que son luciérnagas, o penitentes que pululan por los horizontes que se vislumbra desde aquella atalaya que Lorquí tiene. Unos ladridos lejanos, mezclados con el ruido molesto de un tubo de escape de moto me hacen volver al momento… Sigo mi andadura, sigo paseando por esas calles cargadas de historia, llenas de LIBERTAD, de lucha y JUSTICIA, de entrega, de alegría y de CONVIVENCIA… Y me pregunto, mientras puedo oir los sueños de los vecinos que duermen cerca de donde paseo, que aún no sé quién en encontró a quién, si Lorquí a mí o yo a Lorquí, lo que si estoy seguro es que nunca sentiré ajeno o extraño entre estas gentes, y te prometo, pueblo, que en tu noble tierra, la mía, la de tantos otros, la de Lorquí, me gustaría para morir.

Sunday, November 19, 2006

Las hojas del sendero


Parece que no tenía pensamientos de llegar el otoño. Ni agua ni frío. Al fin, después de tantas plegarias de todo tipo, incluyendo las de tipo “diarréico” (muchos son los que, en sus formas de expresar el deseo de que llueva, lo hace con el “me cago en “to, “miaque” no llover”, eso entre las más permisivas que pueda poner aquí). Bueno, la lluvia ya ha hecho acto de presencia y esperemos que siga siendo generosa y se mantenga con cierta frecuencia que falta nos hace.
Ahora, y disfrutando aún de una temperatura excelente, se puede uno permitir algunos paseos por las diferentes carreteras, y mejor, por caminos o sendas que rodean a cualquier pueblo, o en su defecto, los fines de semana, en las casas de campo que están cerca de la localidad. Apetece pasear y contemplar el color ocre de la estación; mirar los árboles desnudos y notar que la tierra guarda algo de humedad. Parece triste, pero tiene su encanto.
El curso de los días sigue igual que hace mucho tiempo, y en unos de esos paseos vespertinos, mientras que el sol se va poniendo, recuerdo una tradición que, poco a poco, se va perdiendo. Las meriendas de batata o boniato, entre las que más pueden destacarse. Era propio el comprar en cualquier tienda (no en una gran superficie comercial) de las que todos teníamos cerca de casa, el preciado tubérculo que en sus dos variedades, blanco o rojo, por sus configuraciones físicas, nos hacían pensar en que eran como duendes o cosas raras que la tierra dejaba crecer. En esas tardes, también de calles mojadas sin asfalto y barro, se podía disfrutar de un boniato (“moniato” en algunas expresiones muy locales) bien caliente con el que no sabías en que mano tenerlo y no quemarte. Aún de pantalón corto y sin dejar el juego, el juego de calle y sin “pilas”, de grupo, y no aislado en una habitación y con pantalla que te deja ciego, nos parábamos, esos diez minutos tan propios de la costumbre y “liquidábamos” nuestros duendes alimentarios.
Aún daba tiempo a entrar en la casa y llegar hasta la cocina, en algunas pasando por lo que era chimenea con la leña preparada para hacer fuego, pero aún no estaba la leña encendida, había que esperar a que el frío fuera más severo. Al llegar hasta dentro, sobre la mesa, podías encontrarte con un lebrillo repleto de mandarinas. Su olor impregnaba de forma sugerente el local, y pintaba en la mesa el contraste de colores que en las cocinas, por aquellos años sesenta, había.
Sigo con mis paseos y me situo cerca de una tienda, de las de antes, y en la puerta tiene una caja, no muy grande, con “moniatos”. Ni le pregunto el precio. Escogiendo dos de los “mas feos”, los pongo en mi cartera y los llevo a casa. Ya no hay muchos hornos que en las tardes te dejen asar en sus tahonas estas viandas, lo hago en el eléctrico de casa. Cierro los ojos, me lo como (pasándolo de mano a mano para no quemarme) y me acuerdo de una de esas tardes tan felices en que me hubiera gustado que el reloj se hubiera parado y, sabiendo lo que ahora sabemos, llamar a ciertas madres y padres y decirles que no engendrarán hijos que les diera por matar o por odiar, o por joder la vida… pero eso es imposible. Las tardes de otoño, como siempre, tienen que dar paso a otras tardes de invierno y no sabemos cual es la mejor, pues en todas siempre hay algo que nos hace ser un poco más humanos.

Saturday, September 30, 2006

El animal



El animal
¿Dónde está el límite del concepto 'animal'?
No hace muchos días que por los informativos de televisión, se denunciaba la brutal paliza que un personaje de la localidad gallega de Aguiño, (entiéndase ser humano civilizado), le propinaba a su perro que estaba amarrado y que, al parecer, se la daba porque el animal se comía sus gallinas (falso y demostrado). Este sujeto se ensañaba con el citado perro, primero con una correa y luego con una barra metálica. No era el primero que mataba con las mismas 'artes'.
Las imágenes fueron impactantes; sobrecogedoras y muy violentas. El sufrido can, con sus lamentos, como preguntando el por qué de ese ensañamiento, veía que una y otra vez, el verdugo o propietario, insistía con su ataque asesino. Al poco tiempo de recibir tan horrible trato, el citado perro murió. Hasta aquí una triste historia, pero lo más triste es lo que se pudo contemplar en el juicio y la situación vivida durante la denuncia y los apoyos de vecinos, en los juzgados a favor del 'asesino' del perro.
Antes de seguir, para muchos que no les gustan los animales, les puede parecer que esto es una cursilería de un miembro de la sociedad protectora de animales. No lo soy. Soy defensor de la vida de todos los seres, siempre y cuando, de la especie que sea, no salga de los límites que la Naturaleza le ha proporcionado y que vayan contra el propio hombre. En este caso, concretamente, no fue así. Nada se puede hacer ya por el perro, pero ¿las gentes que fueron al juzgado a defender al maltratador, siguen pensando que este individuo es acosado por el que le denunció?
En los juzgados, sentado en el banquillo se ve la figura de este personaje que, en la entrevista niega, una y otra vez, que él haya golpeado al perro; todos son calumnias y falsos testimonios. En los pasillos de la institución judicial se ven a unos pocos vecinos gritando al veterinario que llevó los documentos gráficos acompañando a denuncia. Los gritos, insultos y ataques al profesional se hacen notar. Él es un “mal vecino”. Tiene litigios con el acusado por lindes de tierra. Una mujer, exaltada y fuera de todo contexto, grita y llama al veterinario de todo…En la puerta aplauden a su vecino “justiciero de los perros”… ¿Qué información tenían estos vecinos sobre lo que había hecho este personaje? Creyentes de una historia relatada por el maltratador y por amistad a todos ellos. Llegan a realizar juicios de valor que conducen ahora a su vergüenza. No creo que ahora puedan salir a la calle con la cara tan alta como cuando aplaudían al ¿animal?, si al animal, pero racional, que, no hace unos días, golpeo hasta la muerte al ¿animal? si, pero irracional, un perro que tan solo se lamentaba de ser, eso, animal, lo mismo que su asesino, pero sin saber el por qué de ese acto tan cruel.
Por esas imágenes, tristemente un documento gráfico educador, podemos concretar, con las diferencias oportunas, como actúa un asesino de género cuando golpea a su pareja hasta matarla. La expresión del perro, como un ser vivo que es, en su rostro configuraba el estupor, el pedir explicación de esos golpes… Es triste ver cuales son, en algunos casos, las condiciones del ser humano.
Después de ver estas imágenes y asociar lo que puede sufrir una persona, mayoría mujeres, por un degenerado de este nivel... No puedo pensar que el concepto animal se le aplique a los que actúan con agresividad. El perro es animal, y en sus relaciones con el hombre, la mayoría de veces, siempre ha sido fiel y esto es una realidad, el calificativo de animal al que maltrata, debería de dejar las excepciones claramente expresadas.
El mejor castigo para este ¿animal? sería que esté el resto de su vida alimentado y cuidando perros, gatos y otros animales de compañía en su finca y con sus recursos..¡y que no de lugar a que se le ponga, o muera alguno!